Chicago, comienzo de la Ruta 66

Viaje Agosto 2012

Como prometí, aquí estoy intentando recapitular en mi mente los posos de esta aventura tan distinta y diferente a cualquier otro viaje que haya hecho antes. Tengo que decir, que me voy a ayudar de mi cuaderno de viajes en el que iba apuntando cualquier recuerdo que no quiero que se borre de esta memoria a veces, inestable que tenemos los seres humanos. Para todos los aventureros y lectores, para los que estén aburridos, aquí comienza el relato de mi Ruta66.

1ºDía.

4 de Agosto, por fin el gran día. Abrí la libreta en mitad del vuelo, no sé cuantas horas llevaríamos pero me puse a escribir. Entre la ilusión y los nervios de pensar en el trago de la aduana, se me estaba pasando bastante rápido. Linton y Gador estaban sentados un poco más atrás, Rupcore estaba sentado a mi derecha, a mi izquierda un señor que si no se vio cuatro películas en su Ipad, no se vio ninguna. A la derecha de Rupcore, una chica que leía un libro. Salimos de Madrid a las 12 de la mañana y la llegada a Chicago fue a las 13,45 también de día. La sensación extraña en nuestro cuerpo, de eso llamado “Jet-Lag” se cebó unicamente conmigo, porque aquella noche no pude conciliar el sueño.

Si ningún tipo de problema en la aduana, simplemente unas preguntas superficiales de que ibamos a hacer, si “vacation” o “business” y si teníamos que declarar algo, que era que no, pasamos directos a la cinta de nuestras maletas y eso también fue otro peso quitado de encima, porque allí estaban, en perfecto estado. Del aeropuerto cogimos un taxi con dirección “Des Plaines” donde teníamos el motel, un “Best Western”, que incluía desayuno gratis. Tras tener una pequeña disputa con el recepcionista porque no nos encontraba en la reserva y después de haberlo solucionado, dejamos las maletas y nos vamos directos a la estación de tren para ir a Chicago centro. Sin previo aviso, empezamos a ver como por el camino, se va nublando el día de una forma descomunal y ante mi desilusión, yo no veía nada demasiado estadounidense o americano para poder creerme que realmente estaba en USA, empezó a llover el diluvio universal. Menudo recibimiento, como sopas llegamos a la estación de tren y resulta que no salen trenes y a todo esto, con un sueño y un atontamiento por culpa del cambio horario.

Así que con pocas esperanzas de que amainase la lluvia y con el cansancio encima, me da por preguntar a un chico que teníamos al lado, si es que era cierto que no pasaban trenes, “because of the weather” porque yo no sabía si había entendido bien. Y me contesta en castellano, el chico era de Puerto Rico y empezamos a hablar. Una cosa lleva a la otra y nos dice que va a ir a por su coche que tiene una boda en Chicago y que si queríamos nos podía acercar a la estación donde pasaban los trenes en la “Blue Line”. Yo no sabía si decir que sí o que no. Así que el chico se va por su coche y nosotros cuatros nos quedamos debatiendo si ir con un extraño a morir apaleados o guiarnos por el altruismo humano. Total, que habíamos decidido ser prudentes y no cagarla el primer día en nuestro viaje y decidimos que no iríamos con el chico.

El chico aparca en la puerta y nos montamos los cuatro. No me preguntéis por qué, pero al final nos montamos. Y lo primero que dice el chico es : “Es que al estar tan lejos, hay que ayudarse”. Julio, que así se llamaba nuestro buen samaritano puertoriqueño nos dejó en la estación “Blue Line” y cuando llegamos allí, salían trenes efectivamente, pero no sabíamos como sacar los tickets, porque las máquinas eran bastante rudimentarias y tenías que tener el dinero exacto porque si no, se quedaba con todo el cambio. Así que aparece una chica y le preguntó que como va la cosa y nos empieza a explicar y nos empieza a cambiar los billetes, hasta tal punto que puso dólares de más para que no metiéramos nuestros billetes de 20 dólares y nos quedáramos sin cambio. Aquel día, en mitad de un limbo estadounidense, de camino a la ciudad de Chicago, renové mi fe en el altruismo humano. E íbamos descubriendo la amabilidad de los americanos.

Montados ya en el tren, íbamos intentando que no se nos cerraran los ojos. Llegamos a la estación de Jackson, vamos subiendo unas escaleras que ya dan a la calle y de pronto, vemos asomar la ciudad timídamente. ¡Qué barbaridad de edificios, de colores, de ventanas!, pensé que Batman haría aparición en cualquier momento. Aquello era Gotham City. Impresionante.

Vamos directos al “Loop” a “Millenium Park” donde está la alubia plateada gigante, que bonitas vistas y que buenas fotos de esa zona, un parque precioso. Gador ve a una chica y le pide que nos haga una foto, resultando ser, casualidades de la vida, la chica que había viajado todo el vuelo, sentada al lado de Rupcore. ¡Qué cosas!

Totalmente eufóricos o por lo menos yo, por el espectáculo visual que ofrecía la ciudad, nos vamos dando una vuelta hacia el Lago Michigan, con tan buena suerte de que estaba justo al lado celebrándose el “Lollapalooza Festival” y estaba sonando en vivo y en directo, “Franz Ferdinand”. ¡No me lo podía creer!

Se me había olvidado totalmente el Jet-Lag, el recepionista que no nos encontraba, el diluvio y todo. El “Skyline” de Chicago es una fotografía que no es fácil de olvidar una vez que estás allí, junto con la atmósfera totalmente espectacular. No podía aguantar al día siguiente de volver a visitar Chicago.

2º Día

Salimos de “Des Plaines”, cogemos sin lluvía el tren y nos vamos a ver Chicago con más profundidad. Vamos de nuevo al “Loop” y seguimos dejándonos fascinar por los rascacielos infinitos, sus gentes, sus ruidos, sus luces. Visitamos la “Sears Tower”, una de las torres más altas del mundo, la entrada a subir en ascensor sus no se cuánta plantas, fueron 17 debatidos dólares, porque pagar eso por subir en un ascensor…Pero estábamos en Chicago, queríamos ver esas vistas. Y mereció la pena. Nos asomamos a sus ventanales y admiramos Chicago desde otra perspectiva alucinante.

Tras esto, recorrimos la Magnificent mile, había muchísimas tiendas, más edificios enormes y mucho ambiente. Mi sitio favorito de esta ciudad, es el paseo que se llama “Riverwalk side”, donde hay un puente donde pasa el río, desde ese lugar, se pueden sacar unas fotos de postal. Luego, fuimos a la zona del “Navy Pier” donde hay un centro comercial y nosotros pillamos unas fiestas, en plan típica verbena, con bastante marcha. Toda esa zona está llena de bares, de puestos para comer. Y allí nos paramos a tomar algo, porque hacía bastante calor y estábamos deshidratados y no sé si fue en ese punto, donde Linton empezó a probar todas las bebidas raras que tienen los americanos, como es “Dr. Pepper” una especie de coca-cola que sabe a jarabe.

Desde el “Navy Pier” se pueden sacar también unas fotos impresionantes. No he estado en Miami, pero aquel sitio me hacía sentir que estaba en Miami, no sé si por el Parque de atracciones que había, los puestos de beber, comida, la gente en bikini, el calor y el ambiente festivo.

Tuvimos un momento muy divertido gracias a un barco que llevaba mucha gente de fiesta en la orilla del Lago Michigan. Tan dinámico estuvo aquel momento, que tengo hasta una canción para el Lago Michigan y también se convirtió en otros de mis sitios favoritos de Chicago.

Teníamos un día y medio para exprimir aquella imponente ciudad y por lo menos, nos llevamos un grandísimo recuerdo. Y no descarto, volver algún día, sola y exclusivamente para deleitarme de nuevo, con mi “Gotham City” particular.

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